Revivir una época

Terrazas y cúpula
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Terrazas y cúpula
Ana Formica
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El sábado 9 de noviembre de 2019, la Auditoría General de la Nación abrió, por quinta vez consecutiva, las puertas de su sede para el festival de arquitectura Open House BA.  Ese día, Ana y su esposo revivieron la época de su noviazgo, cuando él iba a buscarla a la salida del trabajo y recorrían los metros desde el 1745 de Rivadavia hasta la esquina de Callao. 

Entre mayo del 78 y comienzos de la década del 90, Ana fue empleada pública de la Caja Nacional de Previsión para el Personal del Estado y Servicios Públicos. Cuando el presidente Menem decide modificar el servicio de previsión social (se agrupan las cajas de Estado, Industria y Autónomos y se reabre el Instituto que luego se transformaría en la ANSES), Ana dejó de trabajar en este edificio, y solo volvería en 2019, para participar del Open House. 

“Si hay cupo, venís conmigo”, sentenció a su marido. Todos los años había querido anotarse, pero no conseguía lugar, así que tuvo que esperar cinco octubres para poder inscribirse. Sabía que el edificio estaba restaurado y soñaba con verlo. “Es un edificio que se lo merecía”. Recuerda que era hermoso pero  estaba descuidado, que en la planta baja  se atendía al público y que un mostrador de punta a punta deslucía lo que hoy luce. 

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Uno de los pedidos más frecuentes de quienes nos visitan en el Open House es ver la Torre del Reloj, el campanario. Con Ana fue diferente, ella nos acercó material atesorado: las fotos tomadas por un compañero de entonces, fotógrafo aficionado, que, de excursión con sus compañeras, las llevó a retratarse con guardapolvo turquesa opaco y brushing. 

A esta panorámica de cúpulas, Ana suma otros recuerdos: al salón Eva Perón lo llamaban “la capilla”, por lo lindo que era. “Cuando entrabas a trabajar, alguno de los que ya hacía 30 años que estaban te decía: ‘Andá a conocer el primer piso’, y se lo veía hermoso, a pesar de que estaba dañado y destruido”. 

De la montaña de cien escritorios que había en el Salón de las Columnas en esa época, a la realidad de hoy, hubo muchos cambios. “Siempre se lo presumió como un edificio hermoso, realmente la restauración valió la pena, lo hizo brillar, hermoso, y le devolvió el prestigio que tenía”.